viernes, 1 de julio de 2016

Capítulo VIII (Patrick)

Patrick y Alisse habían conseguido conciliar el sueño las noches siguientes. Pero necesitaban averiguar si había pasado algo en la biblioteca o si su pequeña intrusión en el monasterio había pasado por alto o sí, por el contrario, alguien se había dado cuenta. Alisse aceptó quedarse en el orfanato mientras Patrick se informaba en las calles.
Él salió con su nueva indumetaria ocultando su identidad. Se dirigió al mercado que era el lugar dónde las lenguas eran más libres, allí diferentes sirvientes y amas de casa intercambiaban rumores y habladurías sin tapujos.
Mientras una joven muchacha le contaba al vendedor de fruta como su madre le acababa de comprar un pequeño cachorro como mascota, Patrick se deslizó por detrás de ella y aprovechó para librarla del peso de su monedero, los mismos hizo con la criada que la acompañaba y lo guardó en uno de los bolsillos que Alisse le había cosido.
Siguió recorriendo despacio el mercado, dio media vuelta cuando un anciano pasó caminando a su lado mientras hablaba.
-Los ladrones ya no respetan nada. Robar en un monasterio, deberían ejecutarlos -dijo llevando un pulgar al cuello y haciendo un movimiento horizontal -o cortar sus sucias manos.
-No serían los primeros y tampoco los últimos -decía el hombre que le acompañaba -no habría problema si "ellos" aceptasen prestar a uno de los dos sus guardias para buscar y capturar a los culpables.
-¿Ellos? ¿De quiénes habla? -Pensó Patrick interesado.
-No deberías hablar de ellos, y aún menos, quejarte. Lo sabrán, y sabes como acabará eso.
-Aprecian demasiado mis servicios como para librarse de mí.
-Yo no aseguraría nada. Llevan observando desde que llegamos a la plaza -dijo el anciano seriamente.
-¿Que quieres decir? -preguntó el hombre, pero inmediatamente palideció mirando al anciano.
Patrick observó que el anciano era tuerto, no le llamó la atención pero tampoco pudo evitar pensar en aquel hombre con el que había peleado días atrás. Dejó la cabeza para ocultar mejor su mirada bajo la capucha y por azar del destino vio como un escorpión salía de bajo la túnica del anciano y subía por la pierna del hombre, incapaz de moverse. Decidió seguir escuchando y observando de reojo, mientras fingía examinar la mercancía de un puesto.
-¿Porqué haces esto?
-Muy fácil. "Ellos" me ordenaron vigilarte. Yo llevo varias...digamos...misiones así. Tan sólo necesito un par más y podré unirme a sus filas. Nos vigilaban a todos, y no les gusta que la gente hable a sus espaldas -le susurro el anciano.
-Tan sólo eres una marioneta -el hombre puso una mueca de dolor -No te queda tanta vida. Morirás como naciste, mortal y frágil. -El escorpión bajo de nuevo y volvió a la túnica del anciano.
Patrick se giró para observarlos mejor y cambiar de lugar. Al mirar esta vez al anciano vio que de nuevo volvía a tener dos ojos. En un primer momento no entendió el porqué pero supo que no debería de haber visto aquello, empezó a alejarse del lugar silenciosamente. No había salido aún de la plaza cuando llegó a sus oídos un grito y, de reojo, pudo ver el cadáver del hombre y la gente juntándose a su alrededor. Tenía que salir de allí enseguida, se hizo un camino a base de empujones y codazos.
-¡Seguid a aquel monje! -dijo el anciano -Por como huye seguro es el asesino.
-¡Maldito viejo! -Pensó Patrick reconociendo su voz y emprendiendo una carrera hacia el laberinto de calles. 
Patrick se metió por el primer callejón que encontró, salió por el otro extremo y siguió huyendo hasta despistar a los dos o tres hombres que le perseguían. Recogió un saco de un callejón lleno de basura y desperdicios, metió el hábito en él y emprendió el camino de vuelta al orfanato. En un par de ocasione se cruzó con sus perseguidores.
Cuando llegó a su hogar estaba más pálido de lo que recordaba haber estado en su vida.

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