miércoles, 29 de junio de 2016

Capítulo VII (Alisse)


Alisse empezó a buscar cintas de cuero entre las pilas de casas que había visto más de una vez, así que decidió ir a una de las habitaciones, que no era demasiado grande pero tampoco pequeña, en la que había una cómoda ligeramente carcomida por las termitas debido al paso del tiempo. Alisse sabía exactamente dónde estaban las tiras de cuero en la cómoda, optó por coger dos tiras largas para así poder ajustarla como les resultase mejor. Empezó a abrir el resto de cajones para revisar su contenido, el primero estaba vacío, en el segundo encontró una especie de diario con una muñeca de trapo, y en el tercero vio algo envuelto en papel blanco. Sin mucha vacilación retiró el papel para encontrar una prenda de color azul marino, su curiosidad característica la empujaba a sacarlo y averiguar qué era exactamente.
Al sacarlo vio ante ella un hermoso vestido largo y algo ajustado. Decidió que que él no era el momento de probarlo pero que más tarde lo haría,así que lo guardó de nuevo y se puso a buscar en el resto de la habitación. Cerca de una pequeña mesilla encontró unos zapatos negros en bastante buen estado.
A los pocos segundos oyó llegar a Patrick, se acercó a la entrada a recibirle y se paró en seco al verle. No parecía él. Llevaba un hábito de monje y una bolsa de cuero en una mano. Aflojó la cuerda que usaba de cinturón, cayó otro hábito doblado y se retiró la capucha mostrando su rostro.
-Hola enana -le dijo tranquilamente -Seguro que pensaste que no era yo.
-Tonterías -dijo Alisse hinchando los carrillos y girando la cabeza.
Aunque Alisse no sabía lo que les estaba ocurriendo últimamente sentía como si sus sentidos se agudizasen, además de que también sus marcas y el ojo del hombre eran inquietantes. Alisse tenía miedo, parecía como si desde que nacieron hubieran estado malditos, o incluso desde antes, aunque las cosas siempre les fueron mal y sus vidas eran difíciles, últimamente todo había empeorado considerablemente. Ninguno de los dos había llegado a conocer a sus padres, o al menos no les recordaban, desde siempre habían luchado por sobrevivir, y aún así, ahora era la primera vez que de verdad tenía miedo. Alisse incluso llegó a tener la sensación de que alguien les buscaba aunque no sabía porqué, siempre se sentía observada, sobretodo las pocas veces que salía; cada vez odiaba más la vida que llevaban, no tenían a nadie que les protegiese ni se preocupase por ellos, les costaba salir adelante, siempre vivían en lugares derrumbados o abandonados, la gente les despreciaba, ni siquiera tenían la educación de ayudarles jamás ni darles, tampoco, ni una triste limosna para comprar algo de comida.
Alisse fué a una cama que aún tenía un aspecto algo decente porque se encontraba más cansada de lo normal sin saber muy bien el motivo, ya que se le cerraban los ojos, tras encontrarla se tumbó sin ninguna manta ni nada parecido por encima e inmediatamente se quedó profundamente dormida y volvió a aparecer el lobo. La condujo a una iglesia en ruinas en dónde un anciano la esperaba que nada más verla sonrió amistosamente.
-Me alegro de que Amina te trajera hasta mí, jovencita -le dijo el anciano.
-¿Amina? ¿Quien es Amina? -le preguntó ella confusa.
-Es, justamente, esa loba plateada, que también es tu protectora.
-¿Protectora? -dijo Alissse mirando al lobo con extrañeza -¿Y porqué motivo me ha traído?
-Lo irás descubriendo a su debido tiempo -le respondió.
Entonces sintió una brisa en la mejilla como una caricia o un suave beso, y esa brisa después la cubrió casi por completo, como si le tapasen. Momentos después, el anciano y Amina comenzaron a desaparecer y todo se oscureció.
Sintió entonces, como si algo se despertase en su propio interior, le llegó dándole un nuevo aliento, fuerzas, valor y esperanza.

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