Alisse salió al frío de la calle completamente embutida en su abrigo. Miró hacia ambos lados y comenzó a caminar alejándose del ruinoso edificio. No había ni una sola persona en la calle, cosa que no era de extrañar con aquel frío, todos estarían con sus familias, juntos ante un fuego que calentase sus huesos. Aquel pensamiento entristeció a Alise, ella y Patrick eran huérfanos y solo se tenían el uno al otro, aunque él siempre la había cuidado y entre los dos solían encontrar, con algo de esfuerzo, comida suficiente para sobrevivir.
Por suerte no había suficiente frío como para que nevase pero muchas calles estaban parcialmente inundadas, Alisse no era demasiado alta y los charcos le llegaban hasta el tobillo empapándose los pies, mientras el aire le congelaba la punta de la nariz, que el abrigo no cubría, y provocaba que su larga y lisa melena dorada ondease al viento. Por suerte era un poco más delgada que Patrick lo que le permitía llevar un par de prendas de ropa extra bajo el abrigo. Los azules ojos de Alisse buscaban sin descanso los lugares con menos agua de la calle, de todas formas, cuando volviera al orfanato tendrían que encender un fuego para secar las ropas.
Alisse siguió avanzando por la calle hasta que vio al final de la calle su objetivo, la biblioteca de Póveron, el único lugar en el que se podía leer en paz y al abrigo de los elementos. Aunque la última vez que había ido por allí, no pudo entrar. El hombre de la puerta detestaba a la gente pobre, y si él no te lo permitía, no podías entrar. Tendría que buscaba otra forma de entrar, quizás...la puerta de atrás, si la hay.
Despacio, y manteniéndose fuera de la vista del hombre de la puerta, rodeó el edificio hasta la parte trasera de la biblioteca, y allí su plan se fue por el desagüe. No había ninguna puerta. Tenía que haber una forma de entrar.
Alisse buscó desesperadamente alguna otra opción, tan sólo había una ventana pero estaba a unos tres metros de alto aproximadamente. ¿Como podía llegar allí? No había manera, Alise se puso a buscar algo que le permitiese llegar allí.
Después de mucho rebuscar entre los trastos de aquel callejón, encontró varios tubos de bambú, seguramente estarían allí desde que fueron cortados el año anterior en el parque al lado de la biblioteca. Deberían de haberlos quemado o reutilizado, por una vez, Alisse se alegró de las pocas ganas de trabajar de los encargados. Buscó uno de longitud adecuada y lo apoyó despacio en el alfeizar, y enterró la base en la tierra para conseguir que estuviera firme. Una vez hecho, comenzó a trepar despacio con cuidado de no caer, una vez arriba, entró cuidadosamente y sin hacer ruido por la ventana del segundo piso.
Primero observó por si había alguien que hubiera podido verla, pero el piso estaba completamente vacío. Perfecto para ella. Fue hasta una pizarra y usó el trapo que había junto a ella, y que servía para borrarla, para limpiarse los zapatos y las huellas que había dejado, tras lo que lo metió en uno de los bolsillos. No podía dejarlo allí.
Buscó una mesa lejos de la escalera y dónde no fuera muy visible para quien subiese pero de modo que ella si que pudiera verles, o al menos para que les viese primero. Se sentó allí sin hacer ruido y sacó unas hojas dobladas que tenía en el bolsillo. Páginas de un libro, un libro sobre la interpretación de los sueños. no le había dicho a Patrick que lo había cogido, de todas formas dudaba que se diera cuenta.
Recorrió las páginas buscando un animal en concreto, el lobo. Los últimos cinco años, es decir, desde que tenía doce, había tenido sueños con un lobo. El lobo tenía sus mismos ojos, y un pelaje plateado. Al contrario de lo que cabe pensar, el lobo no la atacaba, más bien era dócil, dejaba que ella le acariciase el pelaje y la guiaba a través de un bosque. Por desgracia, en las hojas no ponía nada que le ayudase a entender sus sueños. De pronto vio en la pared la sombra de un lobo. Estaba señalando hacia el comienzo de las escaleras en el primer piso, fue extraño pero a pesar de ello Alisse y se asomó a las escaleras despacio y por el rabillo del ojo vio como el hombre que nunca la dejaba entrar se dirigía a las escaleras. Rápida, pero silenciosamente, avanzó hacia la ventana y descendió de nuevo usando el mismo método que usó para subir y que no había retirado ya la ventana abierta... Se había puesto nerviosa y había olvidado tantas cosas por lo que podrían descubrirla que fue inevitable.
Se dio la vuelta y metió las manos en los bolsillos, intentando hacerse tan pequeña que pareciese que iba a desaparecer, pero no se quedó quieta, salió inmediatamente de allí. Salió del callejón pero aún recordaba aquellos oscuros ojos verdes, como los de una serpiente observando a su posible víctima, la había mirado como si pretendiese ver a través de ella, como si viese su alma...le ponía los pelos de punta tan solo el recuerdo.
Emprendió el camino de vuelta al orfanato, sólo desde allí sabía guiarse a donde Patrick estaba. De repente vió la sombra del lobo de nuevo, pero no miraba hacia ella, miraba en la dirección de donde ella venía. Alisse se giró y vió a un perro que miraba furioso hacia ella desde la entrada al callejón del que había salido.
Tenía el morro afilado, las orejas en punta, era delgado y en ese momento le mostraba no una, si no dos amenazadoras filas de dientes. Tenía los ojos inyectados en sangre.
-¡Corre! -le dijo una voz desconocida en su cabeza, pero ella no era capaz de moverse, su cuerpo no respondía. -¡Vamos Alisse! -No sabía como aquella voz conocía u nombre pero esta vez su cuerpo si reaccionó y empezó a correr en dirección opuesta a dónde el perro se encontraba.
-¿Quien eres? -Le preguntó mentalmente la voz.
-¡Ahora no, pequeña! ¡Corre o será lo último que hagas! -le dijo al voz mientras no dejaba de perseguirla aquel perro...de ojos verdes.
Se dio la vuelta y metió las manos en los bolsillos, intentando hacerse tan pequeña que pareciese que iba a desaparecer, pero no se quedó quieta, salió inmediatamente de allí. Salió del callejón pero aún recordaba aquellos oscuros ojos verdes, como los de una serpiente observando a su posible víctima, la había mirado como si pretendiese ver a través de ella, como si viese su alma...le ponía los pelos de punta tan solo el recuerdo.
Emprendió el camino de vuelta al orfanato, sólo desde allí sabía guiarse a donde Patrick estaba. De repente vió la sombra del lobo de nuevo, pero no miraba hacia ella, miraba en la dirección de donde ella venía. Alisse se giró y vió a un perro que miraba furioso hacia ella desde la entrada al callejón del que había salido.
Tenía el morro afilado, las orejas en punta, era delgado y en ese momento le mostraba no una, si no dos amenazadoras filas de dientes. Tenía los ojos inyectados en sangre.
-¡Corre! -le dijo una voz desconocida en su cabeza, pero ella no era capaz de moverse, su cuerpo no respondía. -¡Vamos Alisse! -No sabía como aquella voz conocía u nombre pero esta vez su cuerpo si reaccionó y empezó a correr en dirección opuesta a dónde el perro se encontraba.
-¿Quien eres? -Le preguntó mentalmente la voz.
-¡Ahora no, pequeña! ¡Corre o será lo último que hagas! -le dijo al voz mientras no dejaba de perseguirla aquel perro...de ojos verdes.
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