viernes, 30 de diciembre de 2016

Capítulo XIV (Patrick)

Era noche cerrada cuando Patrick se despertó. Silenciosamente fue hasta dónde Alisse dormía para comprobar que seguía así, tras ello se encaminó al sótano atravesando el oscuro y silencioso orfanato, sin dejar de vigilar las tenebrosas sombras creadas por la tenue luz de la luna. Bajó los escalones al sótano, dónde siempre se había sentido incómodo y acechando. Una vez allí, esperó a que todo fuera tan bien como la vez anterior.
-Somne, ven, necesito hablar contigo –pensó Patrick.
-Dime chaval –dijo Somne apareciendo ante él.
-¡Shhh! –le dijo Patrick poniendo un dedo en los labios –Alisse duerme aún. Tengo unas dudas que no me saco de la cabeza. El día que fuimos al mercado, no sé si te acordarás, escuche una conversación entre dos tipos, uno de ellos un anciano tuerto.
-Me acuerdo –Somne se posó frente a él –crees que ese anciano es como vosotros ¿Verdad? Si piensas eso, tienes razón. Ya viste al escorpión.
-Por eso lo pensé –asintió Patrick sentándose en el suelo antes de seguir –Pero tenía un escorpión ¿Lo conoces?
-No del todo –Somne parecía preocupado –El espíritu de ese escorpión en concreto, dicen que es un asesino muy antiguo. Ya ha tenido una docena de anfitriones, o más. Hace bien su trabajo. Es peligroso, no te acerques a él.
-No pensaba hacerlo –pensó –Ni que fuera tan estúpido.
-No serás tan estúpido, pero enseguida has olvidado que compartimos parcialmente una misma mente. Si no quieres acercarte a él, ¿Por qué lo preguntas?
-En su conversación, esos tipos hablaban de alguien más. –Somne empezó a parecer nervioso e incómodo. –Se refirieron a estos tipos como “ellos”, no escuché ningún nombre, así que… ¿Quiénes son “ellos”? ¿Y porque ordenaron el asesinato de aquel hombre?
-Chaval –Somne retrocedió un par de pasos nervioso mirando a los lados a pesar de saber que se encontraban solos en el sótano –Esas son corrientes en las que no te conviene volar. Un joven pajarillo inexperimentado como tú…sería como lanzarse contra un tornado, es decir…la muerte.
-¿Qué quieres decir? –Patrick parecía cada vez más interesado.
-No pienso responderte. Pensar en ellos es peligroso, y hablar de ellos aún más. Tú y Alisse sois dos críos, si os escogen como objetivo se acabó. Vosotros moriríais y nosotros vagaríamos como espíritus hasta ser ligados a otros anfitriones. Así que sácate ahora mismo esas tonterías de la cabeza.
-A lo mejor podríamos defendernos juntos –dijo Patrick intentando arreglar las cosas un poco y parecer menos preocupado ante las palabras de Somne.
-No pudiste con ese cánido que era un simple soldado raso, un ridículo centinela del tres al cuarto ¿Y quieres defenderte de ellos? ¿Eres tonto o estás loco? ¡Sácate esa idea de la cabeza ahora mismo o harás que os maten a los dos! –Tras decir esto Somne desapareció dejando solo y en silencio a Patrick.
Patrick preocupado sobre “ellos” y si algún día podrían ser una amenaza para Alisse y para él, tomándoles de objetivo volvió a donde solía dormir, silenciosamente, esta vez sin mirar las sombras. Quizás por ello no vio el ojo que le observaba desde el otro lado de la ventana.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Capítulo XIII (Alisse)

Alisse apenas había avanzado unos metros tras salir del orfanato cuando alguien se acercó por detrás de ella.
-Cosas tan bellas como estas debería tener junto con otros mil detalles una hermosura como tú, Sophie, puesto que te mereces el cielo -le susurro al oido mientras le ofrecía unas rosas.
Alisse no supo como reaccionar ya que supuso que esas palabras provenientes de un joven a sus espaldas, irían dirigidas a otra persona.
-Muchísimas gracias, es que no me esperaba algo así, las rosas, la palabras, es más, no logro entender ¿Porqué tienes esos gestos hacia mí si es la primera vez que se cruzan nuestras miradas? -le dijo para evitar que él se diese cuenta de que ella seguía cavilando debido a sus palabras.
-Mi nombre es Will, y lo he hecho porque tienes algo que me llama poderosamente la atención, además de que pienso que eres ese alma gemela que tanto tiempo llevo buscando -hizo una pausa para besar su mejilla -seguro que tu sientes lo mismo.
Entonces Alisse al recibir el beso de Will en su mejilla, escuchó una voz en su interior.
-Ten mucho cuidado con él y con aquello que le muestras de ti, puede que no sea cierto lo que dice. Alisse ve con cautela.
Siguieron caminando alejándose del orfanato, cerca del que se habían conocido hacía unos instantes. Alisse que iba unos pasos por delante, nerviosa, se encaminó hacia la calle del mercado con intención de encontrar algún vendedor despistado del que poder conseguir algo de comida. La presencia de Will apenas se notaba pero de alguna forma, ella sabía que seguía tras ella. 
A medio camino Alisse vio de lejos al guarda que solía estar frente a la biblioteca y decidió dar un rodeo por los callejones, con el fin de evitarlo antes de que la viese, tampoco entonces Will dijo nada, extraño, pero ella no le dio importancia. 
Tardaron más de lo que esperaba en llegar, por culpa de tener que desviarse, y cuando llegaron a la calle del mercado, solo había un par de mercaderes aún intentando vender sus productos. Alisse dudaba entre el puesto de carne y el de fruta, observó a los vendedores como Patrick le había enseñado, intentando estudiarlos. El frutero era bastante delgado, y parecía ágil, aunque algo distraído; el carnicero, por otro lado, aunque estaba atento y hacia lo posible por llamar la atención de la gente, también andaba atareado, y una gran barriga le impedía acercarse demasiado al mostrador, se decidió por este, con ese físico no debería de correr mucho.
Alisse le hizo un gesto a Will para que la esperara, y él, extrañado, obedeció. Luego Alisse se escabulló entre la gente y se colocó en el lateral de la tienda, se arrodilló e intentó coger la carne más cercana del mostrador. Cogió sin problemas las dos primeras piezas pero cuando cogió la tercera el carnicero la vió y tuvo que salir corriendo con la carne. 
No fue hasta el final de la calle cuando pudo girarse y ver que su perseguidor se había quedado atrás. 
Estaba atardeciendo, había perdido más tiempo del que esperaba.
-No esperaba ese acto de tu parte -dijo Will ofreciéndole una rosa de nuevo desde su espalda sin previo aviso -pero tampoco es que me moleste. 
Alisse se dió la vuelta para quedar frente a él.
-Creo que va a ser mejor que me marche para casa, ya que oscurecerá dentro de poco y prefiero ir mientras aun quede un atisbo de luz -dijo mientras intentaba sujetar la carne para que no le cayese -¿podrías acompañarme hasta cerca de allí para no ir sola? 
-Sin problema alguno, dueña de mis pensamientos -respondió el al instante.
Caminaron con algo de prisa aunque no demasiada, hasta llegar al lugar donde se habían conocido apenas unas horas antes. Al llegar, Alisse le agradeció el haberla acompañado.
-Gracias a ti -Will la beso en la frente -seguiré peleando el resto de mis días por tenerte a mi lado pues lo que mi corazón siente es muy fuerte.
Alisse esperó a que Will se hubiera alejado y desaparecido de su campo de visión para dirigirse al orfanato, pues había apenas unos metros, y mientras caminaba meditó sobre lo que había ocurrido creyó ver a una joven de cabello moreno y vestida de negro que parecía alejarse del orfanato, tras cruzarse con ella, decidió correr hasta el orfanato pues se temía lo peor.
Nada más entrar en el orfanato, se puso a gritar el nombre de Patrick, llamándolo preocupada, hasta que lo vio, se encontraba sano y salvo. Con una gran euforia fue corriendo para abrazarlo y contarle el extraño encuentro que había tenido aquella tarde.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Capítulo XII (Patrick)

Patrick estaba sentado a la mesa y no sabía porqué pero se encontraba famélico. Nunca había tenido tanta hambre, quizá los recientes hechos le habían preocupado lo suficiente como para provocar estos efectos.
-Ahora que me has invocado por primera vez, nuestra conexión es más fuerte, tienes que comer por los dos a partir de ahora -dijo la voz de Somne en su mente.
-Pues menudo apetito tienes para ser tan sólo un cuervo -pensó Patrick.
-Cuando tengas que usar mis habilidades no te quejarás tanto y verás su utilidad.
-Eso espero -dijo Patrick sin darse cuenta.
-¿Qué esperas? -preguntó Alisse.
-¿Eh? ¡Oh! Nada, nada. Sólo que no me siente mal tanta comida.
-Si te sienta mal, será por glotón. Te has comido las reservas de todo el día, casi.
Tendremos que ir en busca de la cena -le respondió Alisse con un suspiro.
-Ya que es culpa mía, iré yo. -dijo Patrick levantándose.
-Ni de broma. Tu acabas de salir, y no sé que habrás visto aunque seguro que aún tienes el susto encima. Descansa -Alisse fué hacia la puerta y salió del orfanato ante de que Patrick pudiera impedirlo.
Patrick recogió todo lo que había sobre la mesa con intención de lavarlo. Una vez limpio, lo guardó y se puso a pensar en qué podía hacer. No sabía qué hacer hasta que Alisse volviera, sin salir, preocupado por encontrar a esos tipos de nuevo...quizás podría entrenar con Somne, lo básico. Es decir, su invocación.
-Somne ¿estás ahí? -preguntó Patrick.
-¿Es broma? -le respondió en su mente el cuervo -¿Dónde esperas que esté? Te recuerdo que vivo en tu interior, no es como si me pudiera ir cuando quiera.
-Eh...cierto -Patrick acababa de darse cuenta de lo estúpido de su pregunta -Ahora estamos solos y...
-Lo sé -le cortó Somne -te repito que vivo en tu interior, somos uno. Sé lo que sientes, piensas y dices, no hace falta que lo repitas. Te enseñaré el método habitual.
-Lo siento pero tengo que preguntarlo ¿Es dolorosa la primera invocación?
-Cierto, olvidaba que antes me habías invocado con facilidades -rió Somne -Bueno, ahora toca que desvirguemos tu alma.
-¿Qué? -preguntó Patrick sorprendido y ligeramente preocupado.
-¡Bah! No seas nenaza, la primera vez siempre duele un poco. Luego te acostumbras. Venga, cuanto más te demores peor será. Haz lo mismo de antes pero esta vez sobre el ojo que hayas elegido -le dijo Somne impaciente -Si te olvidas de la mano, perderás algo aleatorio.
-¿Aleatorio? -pregunto Patrick sin comprender.
-¡Al azar, chaval! -dijo el cuervo, parecía ansioso por salir -A lo mejor acabas siendo del otro sexo y todo -el cuervo rió ante su propio chiste.
-No le veo la gracia -respondió seria y friamente Patrick haciendo lo que Somne volaba libremente por el aire, cruzando la habitación mientras que Patrick yacía en el suelo sangrando por el ojo.
-Ya te dije que renunciabas a algo, el ojo es lo habitual, mi consejo -dijo Somne posándose frente a él -consigue uno de cristal antes de que el que acababas de perder, comience a deteriorarse y llame la atención.
-Podrías haber avisado de esto antes, maldito saco de plumas -dijo Patrick.
-¿Y dónde estaría la gracia? -graznó Somne -Ambos sois importantes y tenéis un futuro igual. Pero debéis de superar muchas cosas, esto no es nada.
-Alisse...¿Ella también tendrá que pasar por esto? -preguntó preocupado Patrick.
-Si no lo ha hecho aún...si. Aúnque si es lista...quizás encuentre un vacío legal.
-Vacío legal.
-No te preocupes. Lo tuyo ya esta hecho. Limpia esto que yo me voy a dar una vuelta. Adiós.
Y sin más preámbulos, Somne salió volando por la ventana a toda velocidad. Patrick se levantó con un esfuerzo y fué hasta allí a ver si lo encontraba, pero ni rastro de él.
-Somne ¿Dónde estás?
-Volveré para la cena, no molestes. Hace siglos que esperaba volver a este mundo -respondió el cuervo en su mente.
-Tocate los...-dijo Patrick.
-i quieres lo hago yo -dijo una voz a su espalda.
Patrick se giró asustado para ver unos metros de distancia a una chica ligeramente más baja que él, un poquito gordita y con el pelo rizado que le miraba fijamente ¿Quién era y como había entrado?
-Eh...no, gracias. Sólo era una frase hecha -la mente de Patrick estaba confusa, aquella chica podía tener un espíritu también...o no. De todas formas no sabía sus intenciones.
-¡Que pena! -la chica llevaba un vestido negro con los hombros al descubierto y no parecía tener frío alguno a pesar de la temperatura. Se acercó a las flores de la ventana junto a él y cogió una -Bonitas ¿no?
-Sí, Alisse las cuida mucho -se maldijo mentalmente por mencionarla, aún no confiaba en aquella chica como para mencionar a alguien que no fuese él mismo. No sabía que consecuencias tendría.
-¡Oh! ¿Tienes novia? -la flor se marchitó instantáneamente.
-No, solo es...una anciana que pasa por aquí algún día. Le dejo guardar sus flores aquí, ella no tiene sitio -respondió Patrick.
-Me alegra oír eso -La flor cobró vida de nuevo y la mujer la replantó sin problemas en un instante -Por cierto, me llamo Patrice.
-Encantado, yo soy -e calló un momento, nada de su nombre real, mejor no -Eldrich.
-Qué raro.
-¿El qué?
-Recordaba que tu nombre era Patrick -El estaba sorprendido -Tu a mí no me conoces, pero yo a ti si. La verdad, te buscaba. Ere perfecto para mí, tienes lo que necesito y yo te daré cuanto necesitas. -Ella se acercó para besarle y el retrocedió.
-¡Sal de ahí, imbécil! -dijo la voz de Somne en su mente.
Entonces entre la mujer y Patrick pasó un destello blanco a toda velocidad que entró por una ventana y salió por la otra, antes de que la mujer lo viera claramente pero fué suficiente como para hacerla retroceder y tropezar para acabar en el suelo sentada.
-¿Que ha sido eso? -dijo ella levantándose.
-Sería una paloma, aunque menuda velocidad -Patrick algo sorprendido se alejó de ella un poco -sobre esta hora entran algunas y ponen el suelo asqueroso.
Tu vestido es negro y dudo que quieras verlo blanco. Yo que tu me iría pronto.
-Ya...-dijo ella mirándolo largamente -Bueno, tendré lo que quiero, tarde o temprano, y no habrá nadie que lo evite, guapo. Por cierto, mi verdadero nombre, tampoco es Patrice.
La joven se fue por la puerta principal sin hacer ruido alguno. Entonces Patrick recibió un fuerte picotazo en la nuca.
-¿Con que paloma, no? La próxima vez te las apañas solo -graznó furioso Somne.
-Lo siento, fue el primer ave blanca que se me ocurrió.
-Te vale de excusa. Esta vez, pero como se repita, te sacaré el otro ojo. Y por cierto -dijo Somne -para ella ha sido evidente que tienes un espíritu ligado, tu herida en el ojo te delata. Gracias a que nuestra conexión es una. Limpia esto y recupera tu ojo.
-¿Entonces ella tiene un espíritu?
-Quizás, no lo se. Es pronto para saberlo, el tiempo lo dirá. Oculta algo, eso seguro -dijo Somne antes de desaparecer.

lunes, 15 de agosto de 2016

Capítulo XI (Alisse)

Al llegar a dónde se encontraba Patrick y no encontrarle se empezó a preocupar por si le había ocurrido algo, entonces él la sorprendió por detrás y se asustó tanto que estuvo a punto de escaparsele un grito.
-¿Se puede saber donde estabas? -le dijo ella de mal humor.
-Tranquila, no me ha pasado nada y cambia esa cara que se te borra la sonrisa anda -le contestó.
-Está bien, tu ganas aunque a todo esto, me dirás donde estuviste o te quedas sin cenar -le dijo ella con tono amenazante.
-Es trampa...-Patrick la miró con falso enfado -me rindo, estuve en el sótano, dando una vuelta.
-¿De veras? No me estarás ocultando algo ¿no? -dijo ella en un tono de sospecha mirándole.
-No, además ¿Para que iba a ir yo ahí con lo frío que está? -dijo él mirándola calmado.
Ella entonces le sonrió para luego ir en marcha de la cocina que tenían en el orfanato con intención de preparar la cena y luego poder pasar algo de tiempo cuidando de unas flores que había conseguido llevar una de las salas, pues Alisse adoraba las flores, sobretodo si eran rosas como aquellas.
Avisó a Patrick para que fuera porque la cena estaba lista y él repitió dos veces más porque tenía más hambre que nunca, tras fregar se puso a cuidar las rosas con esmero, al menos lo que el tiempo invernal le permitía, aunque en el interior de Alisse tenía una sensación. La sensación de que algo extraño pasaba aunque no sabría decir el que...

martes, 2 de agosto de 2016

Capítulo X (Patrick)

Mientras Alisse volvía a cambiarse, Patrick se puso a pensar en lo que había visto. Aquel hombre había hecho aparecer un escorpión ¿O lo llevaba antes ya? ojo había desparecido y vuelto a aparecer después. Eso no era normal, ¿Quién era esa  gente? El que había perseguido a Alisse y había peleado con él...ese hombre, o lo que fuera, había hecho lo mismo.
-¿Quieres saber como lo hizo? -dijo una voz en su mente.
-¿Quién eres? -susurró Patrick.
-Sería mejor que no hablemos aquí. Baja al sótano donde estarás solo, mientras Alisse está ocupada, hablaremos unos minutos.
-Está bien -A Patrick no le inspiraba confianza pero quería llegar al fondo de aquello de una vez.
Patrick bajó al sótano silenciosamente y entonces escuchó la voz más fuerte, aunque seguía en su mente.
-Bien, este lugar está cerca de una de las puertas que llevan a ese "otro lugar", por ello aquí puedes llamarme sin hacer...lo habitual. -le dijo la voz.
-¿Lo habitual? -le preguntó Patrick.
-Estás ligado a mí, al igual que tu amiga lo está a esa loba. Normalmente cuando alguien desea invocar al espíritu al que está ligado y volverlo corpóreo, debe renunciar temporalmente, mientras la criatura sea corpórea, a algo. La mayor parte escogen un ojo, pero debido a lo que expliqué antes no lo necesitas esta vez.
-No tenemos mucho tiempo, así que ve al grano seas quien seas -Patrick estaba nervioso, al fin creía comprender lo sucedido con el anciano y el otro hombre. Deberían de tener ligados los espíritus de un perro y un escorpión.
-Cierra los ojos, es necesario la primera vez, y concéntrate en mi voz, en aceptar y permitir la conexión conmigo -Pasaron unos segundos hasta que Patrick consiguió hacerlo bien -De acuerdo ahora piensa en que estoy frente a ti, no me hace falta que imagines mi aspecto, de eso me encargo yo.
-No es fácil -dijo Patrick, en su mente vió la imagen de un ave, blanca con un pico largo y puntiagudo. Abrió los ojos y lo vio frente a él. -¿Pero qué? ¿Qué eres? ¿Como...?
-No tenemos tiempo para eso, sólo nos quedan dos minutos. Mira soy un cuervo, un cuervo albino concretamente, eso explica el color y estoy ligado a ti. Tu cicatriz lo demuestra. Me llamo Somne. Cuando vuelvas a tener tiempo baja y hablaremos de nuevo. Ahora piensa que desaparezco, yo te ayudaré.
Patrick lo hizo y cuando abrió los ojo el cuervo ya no estaba allí, le pareció un sueño pero sabía que era real. No podía decirle nada a Alisse, era mejor que ella lo averiguara como había hecho él, si no...podía asustarse o algo. Sacudió la cabeza y volvió arriba.

Capitulo IX (Alisse)

Alisse aún se encontraba en la habitación cuando escuchó unos pasos que resonaban desde la entrada. Salió de la habitación para ver quién era, por lo que mientras se dirigía al lugar de dónde procedían los pasos, cogió una vara de madera, para defenderse de quien se hubiera atrevido a entrar allí, hasta que volviese Patrick.
Cuando Alisse llegó a la entrada, encontró a Patrick con la cara más blanca que un muerto.
-Oye ¿Y tú con esa cara? -le preguntó Alisse preocupada- Y no digas que nada porque sé que no es así.
-No pasa nada grave. Tan sólo ha sido un pequeño susto que me he llevado hoy mientras investigaba, aunque mira qué sorpresa tengo -sacó de su bolillo dos cartera con una gran sonrisa -Podemos gastar este dinero en comida o en algo que no sea necesario.
-Por supuesto y lo que nos sobre lo ahorraremos para otra ocasión -le dijo seriamente, después de eso, se acercó lo suficiente a él. -No te preocupe, estaré para ayudarte en lo que haga falta. -Entonces lo abrazó con mucha fuerza y cariño.
-Gracias, eso me ha hecho sentir mucho mejor -Entonces, cuando ella le miró y le sonrió, Patrick aprovechó para darle un beso en la frente y luego devolverle el abrazo.
Se separó de su amigo y se marchó hacia la habitación para aprovechar que había vuelto y a ver lo que opinaba al verle puesto el vestido azul que había encontrado.
-¿Adónde vas tan rápida? -preguntó él.
-Ya verás -Con paso decidido fué hasta la habitación y se cambió despacio para lograr así dejarle lo suficientemente intrigado para lograr la impresión "perfecta", tardó en un ritmo pausado unos quince minutos en cambiarse, así que fue en ese mismo ritmo hacia dónde se encontraba Patrick.
Antes de asomarse por la puerta, observó como Patrick estaba impaciente pues no dejaba de hacer ruido con los pies en el suelo creando un ritmo propio para amenizar la espera, así que aprovechó el momento en el que estaba despistado para caminar desde donde estaba hasta ponerse frente a él. Como se encontraba mirando para llegar en el cual estaba la biblioteca improvisada no se fijó en que se había puesto delante. Acto seguido intentó arreglarse un poco el pelo y el vestido antes de avisarle de su presencia.
-Ya puedes mirarme que ya estoy lista, deja de fijarte en los libros y dime que te parezco aí vestida.
-Me parece que estás preciosa -dijo Patrick notablemente asombrado -sólo hay un pequeño problema y es que si alguien nos sigue o nos busca, tú destacas mucho y e fijarían en ti enseguida si salieras así.
-Ya lo sé -dijo ella haciendo un mohín -Pero también tengo derecho a estar guapa aunque sólo sea pro aquí -Y para ti, pensó ella.
-Tranquila Alisse, seguro que pronto nos dejarán tranquilos y podrás salir así cuando quieras -le dijo Patrick dándole un abrazo para reconfortarla -Además parece como si fuera echo para ti.
-Gracias -dijo ella sonrojándose levemente, y volvió a la habitación a cambiarse.

viernes, 1 de julio de 2016

Capítulo VIII (Patrick)

Patrick y Alisse habían conseguido conciliar el sueño las noches siguientes. Pero necesitaban averiguar si había pasado algo en la biblioteca o si su pequeña intrusión en el monasterio había pasado por alto o sí, por el contrario, alguien se había dado cuenta. Alisse aceptó quedarse en el orfanato mientras Patrick se informaba en las calles.
Él salió con su nueva indumetaria ocultando su identidad. Se dirigió al mercado que era el lugar dónde las lenguas eran más libres, allí diferentes sirvientes y amas de casa intercambiaban rumores y habladurías sin tapujos.
Mientras una joven muchacha le contaba al vendedor de fruta como su madre le acababa de comprar un pequeño cachorro como mascota, Patrick se deslizó por detrás de ella y aprovechó para librarla del peso de su monedero, los mismos hizo con la criada que la acompañaba y lo guardó en uno de los bolsillos que Alisse le había cosido.
Siguió recorriendo despacio el mercado, dio media vuelta cuando un anciano pasó caminando a su lado mientras hablaba.
-Los ladrones ya no respetan nada. Robar en un monasterio, deberían ejecutarlos -dijo llevando un pulgar al cuello y haciendo un movimiento horizontal -o cortar sus sucias manos.
-No serían los primeros y tampoco los últimos -decía el hombre que le acompañaba -no habría problema si "ellos" aceptasen prestar a uno de los dos sus guardias para buscar y capturar a los culpables.
-¿Ellos? ¿De quiénes habla? -Pensó Patrick interesado.
-No deberías hablar de ellos, y aún menos, quejarte. Lo sabrán, y sabes como acabará eso.
-Aprecian demasiado mis servicios como para librarse de mí.
-Yo no aseguraría nada. Llevan observando desde que llegamos a la plaza -dijo el anciano seriamente.
-¿Que quieres decir? -preguntó el hombre, pero inmediatamente palideció mirando al anciano.
Patrick observó que el anciano era tuerto, no le llamó la atención pero tampoco pudo evitar pensar en aquel hombre con el que había peleado días atrás. Dejó la cabeza para ocultar mejor su mirada bajo la capucha y por azar del destino vio como un escorpión salía de bajo la túnica del anciano y subía por la pierna del hombre, incapaz de moverse. Decidió seguir escuchando y observando de reojo, mientras fingía examinar la mercancía de un puesto.
-¿Porqué haces esto?
-Muy fácil. "Ellos" me ordenaron vigilarte. Yo llevo varias...digamos...misiones así. Tan sólo necesito un par más y podré unirme a sus filas. Nos vigilaban a todos, y no les gusta que la gente hable a sus espaldas -le susurro el anciano.
-Tan sólo eres una marioneta -el hombre puso una mueca de dolor -No te queda tanta vida. Morirás como naciste, mortal y frágil. -El escorpión bajo de nuevo y volvió a la túnica del anciano.
Patrick se giró para observarlos mejor y cambiar de lugar. Al mirar esta vez al anciano vio que de nuevo volvía a tener dos ojos. En un primer momento no entendió el porqué pero supo que no debería de haber visto aquello, empezó a alejarse del lugar silenciosamente. No había salido aún de la plaza cuando llegó a sus oídos un grito y, de reojo, pudo ver el cadáver del hombre y la gente juntándose a su alrededor. Tenía que salir de allí enseguida, se hizo un camino a base de empujones y codazos.
-¡Seguid a aquel monje! -dijo el anciano -Por como huye seguro es el asesino.
-¡Maldito viejo! -Pensó Patrick reconociendo su voz y emprendiendo una carrera hacia el laberinto de calles. 
Patrick se metió por el primer callejón que encontró, salió por el otro extremo y siguió huyendo hasta despistar a los dos o tres hombres que le perseguían. Recogió un saco de un callejón lleno de basura y desperdicios, metió el hábito en él y emprendió el camino de vuelta al orfanato. En un par de ocasione se cruzó con sus perseguidores.
Cuando llegó a su hogar estaba más pálido de lo que recordaba haber estado en su vida.

miércoles, 29 de junio de 2016

Capítulo VII (Alisse)


Alisse empezó a buscar cintas de cuero entre las pilas de casas que había visto más de una vez, así que decidió ir a una de las habitaciones, que no era demasiado grande pero tampoco pequeña, en la que había una cómoda ligeramente carcomida por las termitas debido al paso del tiempo. Alisse sabía exactamente dónde estaban las tiras de cuero en la cómoda, optó por coger dos tiras largas para así poder ajustarla como les resultase mejor. Empezó a abrir el resto de cajones para revisar su contenido, el primero estaba vacío, en el segundo encontró una especie de diario con una muñeca de trapo, y en el tercero vio algo envuelto en papel blanco. Sin mucha vacilación retiró el papel para encontrar una prenda de color azul marino, su curiosidad característica la empujaba a sacarlo y averiguar qué era exactamente.
Al sacarlo vio ante ella un hermoso vestido largo y algo ajustado. Decidió que que él no era el momento de probarlo pero que más tarde lo haría,así que lo guardó de nuevo y se puso a buscar en el resto de la habitación. Cerca de una pequeña mesilla encontró unos zapatos negros en bastante buen estado.
A los pocos segundos oyó llegar a Patrick, se acercó a la entrada a recibirle y se paró en seco al verle. No parecía él. Llevaba un hábito de monje y una bolsa de cuero en una mano. Aflojó la cuerda que usaba de cinturón, cayó otro hábito doblado y se retiró la capucha mostrando su rostro.
-Hola enana -le dijo tranquilamente -Seguro que pensaste que no era yo.
-Tonterías -dijo Alisse hinchando los carrillos y girando la cabeza.
Aunque Alisse no sabía lo que les estaba ocurriendo últimamente sentía como si sus sentidos se agudizasen, además de que también sus marcas y el ojo del hombre eran inquietantes. Alisse tenía miedo, parecía como si desde que nacieron hubieran estado malditos, o incluso desde antes, aunque las cosas siempre les fueron mal y sus vidas eran difíciles, últimamente todo había empeorado considerablemente. Ninguno de los dos había llegado a conocer a sus padres, o al menos no les recordaban, desde siempre habían luchado por sobrevivir, y aún así, ahora era la primera vez que de verdad tenía miedo. Alisse incluso llegó a tener la sensación de que alguien les buscaba aunque no sabía porqué, siempre se sentía observada, sobretodo las pocas veces que salía; cada vez odiaba más la vida que llevaban, no tenían a nadie que les protegiese ni se preocupase por ellos, les costaba salir adelante, siempre vivían en lugares derrumbados o abandonados, la gente les despreciaba, ni siquiera tenían la educación de ayudarles jamás ni darles, tampoco, ni una triste limosna para comprar algo de comida.
Alisse fué a una cama que aún tenía un aspecto algo decente porque se encontraba más cansada de lo normal sin saber muy bien el motivo, ya que se le cerraban los ojos, tras encontrarla se tumbó sin ninguna manta ni nada parecido por encima e inmediatamente se quedó profundamente dormida y volvió a aparecer el lobo. La condujo a una iglesia en ruinas en dónde un anciano la esperaba que nada más verla sonrió amistosamente.
-Me alegro de que Amina te trajera hasta mí, jovencita -le dijo el anciano.
-¿Amina? ¿Quien es Amina? -le preguntó ella confusa.
-Es, justamente, esa loba plateada, que también es tu protectora.
-¿Protectora? -dijo Alissse mirando al lobo con extrañeza -¿Y porqué motivo me ha traído?
-Lo irás descubriendo a su debido tiempo -le respondió.
Entonces sintió una brisa en la mejilla como una caricia o un suave beso, y esa brisa después la cubrió casi por completo, como si le tapasen. Momentos después, el anciano y Amina comenzaron a desaparecer y todo se oscureció.
Sintió entonces, como si algo se despertase en su propio interior, le llegó dándole un nuevo aliento, fuerzas, valor y esperanza.

lunes, 27 de junio de 2016

Capítulo VI (Patrick)


Pasaron dos días y aquel extraño hombre y su perro aún no había vuelto, mientras que Patrick, increíblemente, y a estaba recuperado por completo. Él y Alisse llevaban desde el incidente pensando en qué podían hacer.
-Lo primero -dijo Patrick -debería ser llevar algo siempre encima con lo que defendernos. Tú, por ejemplo, tuviste que correr desde la biblioteca hasta aquí porque no tenías con qué defenderte.
-Podemos usar las maderas del otro día, al menos por ahora, y para llevarlas...no sé... quizás podríamos buscar unas tiras de cuero o unas cuerdas -dijo Alisse pensativa -creo que hay algunas por aquí.
-Busquemoslos -dijo Patrick -de todas formas llamarían mucho la atención, aunque sé cómo solucionarlo. Busca las tiras de cuero, y ten cuidado por si vienen mientras no estoy. Espero no tardar.
-De acuerdo -dijo Alisse buscando en los cajones de los pocos muebles que había y entre los restos que habían ido acumulando.
Patrick salió silenciosamente del edificio y tras revisar que no había nadie observándole, emprendió una silenciosa carrera por la calle en dirección al único río que había en toda la ciudad. Cruzó por el puente, siempre atento, y observando cuidadosamente.
No tardó mucho en llegar ante el monasterio cuya campana sonaba y se hacía escuchar en toda la ciudad, señalando el inicio de las oraciones de la mañana. Patrick sabía que aquel monasterio contaba con una puerta trasera que casi nunca se usaba, sobretodo, durante las oraciones, no era la primera vez que entraba a hurtadillas, ni tampoco sería la última.
Mientras la gente entraba, los monjes permanecían distraídos o observándoles y hablando con ellos, por lo que Patrick aprovechó para llegar a la puerta trasera del monasterio. Abrió la puerta y entró sin hacer ruido alguno. Todo estaba en penumbra, en cambio, él veía todo tan fácilmente como a la luz del día, por alguna razón siempre había visto perfectamente en la oscuridad.  La sala en la que se encontraba era pequeña, concretamente era una pequeña cocina, echó un vistazo por encima y no vió nada interesante. Antes de nada, cogió una bolsa de cuero, la llenó de alimentos y algunos odres de agua, después, una vez llena, la dejó junto a la puerta.
Repasó mentalmente la distribución de los cuartos, los había memorizado en su última visita. Cuando recordó donde estaba lo que había ido a buscar, abrió silenciosamente la puerta, y salió al pasillo. No había nadie en el corredor, le llegaban los ecos de las oraciones provenientes del salón central. Siguió caminando por el pasillo, siendo especialmente silencioso al pasar por delante de las puertas. Pasó la primera, segunda, tercera, y entró en la cuarta, pegando la oreja en la puerta antes para asegurarse de que no había nadie.
Cerró la puerta tras de sí y se abrió el primero de los cuatro armarios que había, dos a cada lado. Sacó un hábito con capucha y se lo puso, luego sacó otro y lo dobló para esconderlo bajo el que llevaba puesto. Se colocó la capucha ocultando completamente su rostro y anudó fuertemente la cuerda que hacía de cinturón. Ya tenía lo que había ido a buscar así que volvió a la cocina, solo que ahora había una anciana monja cocinando de espaldas a la puerta.
Pasó por detrás de ella, cogió la bolsa de cuero y salió rápidamente por la puerta.
Inmediatamente escondió la bolsa bajo el hábito y se mezcló entre la gente que salía en procesión del monasterio. No podía creer en su suerte cuando la gente cruzó el puente, momento en el que se separó de la muchedumbre y emprendió la vuelta al orfanato, seguro de que nadie le prestaba atención.

Capítulo V (Alisse)

Alisse pensó que al estar en la habitación como Patrick le había dicho que se escondiera, estaría segura. Para su sorpresa, el perro la había seguido.
Seguía ladrando como cuando se lo había cruzado en la calle y tenía la impresión de que su ojo izquierdo, ahora el único, de alguna forma, brillase. Había algo en él que le ponía los pelos de punta.
De repente, Alisse sintió algo en su interior, no sabía que era, a lo mejor el miedo a aquel perro que tanto miedo le daba, de repente miró para la sombra de Alisse y se produjo un repentino y sorprendente cambio en él. Ahora parecía que el perro le tenía miedo a ella, inmediatamente se marchó por el lugar del que había venido.
Intrigada por lo sucedido, lo siguió sin dejar que él se diera cuenta. Le siguió hasta la entrada trasera del orfanato, su amo lo esperaba junto a la puerta abierta. Al llegar a su lado, el hombre lo acarició y Alisse se fijó en él. En su cara. Ahora aquel hombre ya no tenía ojo izquierdo, en su lugar había una extraña marca. Alisse supo que era imposible que fuera casualidad.
Alise maldijo una y mil veces su torpeza, en aquel momento, al tropezar con una tabla.
-¿Ya te has levantado? -preguntó el hombre sin inmutarse -¿O quizás la niña ha salido de su escondite?
Entonces intentó no volver a hacer ruido alguno, por lo que cuidadosamente esperó a que se marchase lo más pronto posible. Poco tiempo después oyó cómo el hombre y su perro se marchaban de allí, hacia la calle.
De todas formas antes de ir en busca de Patrick, Alisse decidió comprobar que se habían ido, sólo por asegurarse, y se asomó ligeramente. Doblaban la esquina cuando ella sacó la cabeza, también vió que, sorprendentemente, en el tejado del orfanato había resistido algo de nieve que acababa de caer ahora al suelo. El frío había permitido que no se derritiera. Alisse entró de nuevo y volvió a la habitación dónde se habían separado, y allí lo encontró. Con un ojo morado e inconsciente, pero vivo. Le llevó, o más bien lo arrastró, hasta un colchón y le dejó allí para coger algo de la nieve que había visto fuera y usarla para bajar la hinchazón del ojo, por desgracia no tenía nada para curar la herida de la cabeza, así que usó la nieve también. Le puso nieve en el ojo con varios trozo de sábana rota para evitar que le quemase , la nuca, la frente, y alrededor de la herida . Después salió a la calle en busca de algo que pudiera usar para curar sus heridas, por desgracia sólo se le ocurrió un sitio dónde buscar, donde cogían todo, el basurero.
No tardó demasiado en llegar, enseguida se puso a rebuscar rápida, pero cuidadosamente. Había un montón de cosas inútiles, y sobretodo, parte rotas de cosas que no supo decir qué eran.
Después de remover durante horas, encontró un pequeño bote de lo que parecía ser un ungüento debajo de un montón de basura, apestaba pero tenía escrito algo sobre el tratamiento de heridas, por lo que Alisse no dudó en usarlo.
Fue rápidamente de vuelta al orfanato, aún faltaba una hora o dos hasta el anochecer pero quería que hubiera suficiente luz cuando tratara a Patrick sin tener que encender una hoguera.
Al llegar de nuevo, fué rápidamente hasta Patrick y le aplicó inmediatamente, y sin pensar, el ungüento. Aún así, su preocupación por él aumentaba poco a poco. Cuando terminó, se recostó en el colchón junto a él al tiempo que se le iban cerrando los ojos debido al sueño y a lo vivido en aquel ajetreado día. Antes de acostarse, Alisse le tapó con una manta algo roída y ella con la otra que tenían, no sería gran cosa pero aún así serviría. A pesar de que su posición no era la correcta, el sueño terminó por vencerla.
Al día siguiente sentía como si la estuvieran zarandeando con fuerza agarrándola del brazo mientras le hablaban.
-Vamos, Alisse, despierta.
-¿Se puede saber qué ocurre Patrick? -dijo desperezándose, y cuando terminó de desperezarse vió a Patrick con el ojo bastante mejor y sonriendo. Entonce se abalanzó sobre él para abrazarlo -¡Que bien, ya estás mejor! Menudo susto me diste.
-Tranquila, estoy bien. -le contestó.
-Pensé que te había pasado algo más grave -dijo preocupada -es decir, parecía que te había dado una buena paliza.
-Sólo tengo un pequeño golpe, tampoco hay que preocuparse tanto por ello -dijo restándole importancia.
Alisse se enfurruño al oírle decir eso. A su ver, Patrick se comportaba como un niño pequeño, aún así era como un hermano mayor, lo que quería era decirle una cosa importante.
-Patrick, tengo que decirte algo -Alisse se acercó un poco.
-Dime -le contestó.
-Yo...bueno quería decirle que soy yo la que tiene las hojas del libro sobre los sueños -Alisse estaba algo preocupada por su reacción.
-¿Cómo sabes que las buscaba? -le pregunto él perplejo.
-Pues…-en ese momento Alisse se dió cuenta de que no sabía como lo había averiguado, pero así era. -Ni idea.
-De todas formas…¿Por qué las ocultaste? ¿Y por qué las cogiste? -dijo algo enojado y molesto.
-Porque tuve algunos sueños extraños sobre un animal, durante bastante tiempo y tenía miedo tanto de los sueños como de qué pensaras que yo era un bicho raro o algo así. -dijo preocupada.
-Tonta -dijo Patrick sonriendo y dándole un abrazo -Yo también he soñado cosas raras, así que si tú eres un bicho raro, yo también. Venga no te preocupes, juntos averiguaremos lo que significan ¿De acuerdo?
-De acuerdo -dijo Alisse abrazándolo de nuevo y sonriendo como una niña pequeña.

Capítulo IV (Alisse)


Una vez en el orfanato no había ni rastro de Alise. ¿Dónde se había metido? Fue hasta dónde solían el fuego, para dejar la madera, y comprobó que no había pasado por allí. Cogió de nuevo el saco y salió al exterior.
Seguía haciendo frío, pero no tanto como antes. Respiró hondo y sonrió, estaba siendo un buen día, tenía la sensación de que todo iba a ir bi…
-¡Patrick! –la voz de Alise le llamó e inmediatamente él se giró hacia la dirección de la que procedía.
Ella venía corriendo lo más rápido que podía, parecía a punto de quedarse in aire, y detrás de ella venía un perro persiguiéndola, el cual parecía bastante peligroso. Y por desgracia para ella la estaba alcanzando.
-¡Abre la puerta! –gritó Alisse.
Patrick la abrió y la cerró tras ellos. A los pocos segundos oyeron al perro chocar contra la puerta.
-Ahora podemos respirar tranquilos. –dijo Patrick, miro a Alisse -¿Por qué te perseguía?
-No lo sé. Fui a la biblioteca, el tipo de allí me vio salir y luego ese perro me perseguía –mientras lo decía oyó romperse el cristal. –Dime que no ha entrado.
-No ha entrado. –Patrick la miró –Pero creo que sí.
-¿Entonces porque dices que no? –le dijo agarrándole el brazo y colocándose tras él.
-Tú me lo pediste –Sonrió ligeramente –Vayamos a donde solemos encender el fuego. Dejé antes unas tablas allí, podemos usarlas para defendernos, creo…
Despacio avanzaron hasta la puerta que tenían a la derecha, estaba abierta, como siempre. Tenían los oídos bien atentos a cualquier ruido que pudieran oír del resto del edificio. Llegaron hasta el saco de la habitación, sin oír ningún ruido ni ver al perro que había perseguido a Alisse hasta allí.
Alisse cogió una tabla bastante larga con dos manos, mientras que Patrick cogió una barra de madera que parecía haber formado parte de una valla o una barandilla. Se puso en pie y miró a su amiga, había una sombra tras ella. Inmediatamente la agarró y la puso tras él. Había un hombre allí, sus ojos verdes brillaban tremendamente en la sombras, mientras se acercaba despacio a ellos.
-¿Tu perro te ha conducido aquí? –preguntó Alisse asustada.
-¿Es él? –Patrick acercó otra madera, similar a la que tenía, con el pie y la alzó con el pie para cogerla en el aire. –Más vale que te vayas de aquí.
El hombre soltó una carcajada antes de quitarse los guantes, mostrando unas afiladas uñas, y guardarlos en un bolsillo. Hizo estallar sus dedos y movió un poco los hombros.
-No recuerdo la última vez que un humano se atrevió a amenazarme, y aún encima, no sois más que unos críos. Menuda pérdida de tiempo.
-Alisse –susurró Patrick –Escóndete en otra habitación. Tengo la sensación de que está solo.
-¿Y el perro? –preguntó asustada.
-No parece estar. Si estuviera, sería junto a su amo. Además, ahora puedes defenderte de ese saco de pulgas.
-Espero que tengas razón. –Alisse salió corriendo de la habitación por otra puerta y se dirigió arriba.
-Debería ocuparme de ella. –se tapó el ojo izquierdo con una mano y susurró algo, cuando la quitó, ya no había ojo aunque la mano estaba vacía. –No tardarán en hacerse cargo de tu amiga.

Patrick estaba preocupado y extrañado aunque tenía el presentimiento de que si le dejaba ir, les traería problemas, sobre todo a Alisse. No podía dejarle llegar hasta ella. El hombre rió y su ojo brilló tenuemente antes de que un rápido puñetazo lanzara volando a Patrick contra la pared.

miércoles, 15 de junio de 2016

Capítulo III (Patrick)


Patrick rebuscaba entre la basura algo que pudiera ser útil o, lo que ya sería mucho pedir, una puerta para el sótano. En el vertedero había de todo y no era la primera vez que encontraban una puerta pero...eran demasiado pesadas para ellos. La última la vieron hace tres o cuatro años más o menos. Ahora...podrían llevarla aunque tendrían que parar a descansar alguna vez.
De todas formas, Patrick también había llevado un saco, necesitaban madera para no congelarse de frío. Metió un par de tablas y siguió buscando por encima de los montículos de basura. Realmente no era un vertedero propiamente dicho, antes había sido un parque, pero alguien había vaciado su basura allí por lo cual la gente dejó de ir, y como nadie se ocupó de retirarla, se repitió innumerables veces y a día de hoy...es un vertedero. Todo el que desea librarse de algo, lo tira aquí.
Patrick había visto libros también, incluso alguno sobre demonología, aunque no lo había cogido, le parecía interesante sin saber porqué, pero no lo había cogido. Lo dejó donde estaba, sin tocarlo. Siguió deambulando hasta tener medio lleno el saco, entonces vió una puerta, y sin dudarlo se acercó a ella. Era una buena puerta, de madera gruesa, pomo de plata.
-¿Qué hace una puerta como esta aquí? -se preguntó mentalmente. -Es demasiado  buena para ser considerada basura.
-Nadie quiere puertas a lugares peligrosos -le dijo una voz en su mente. Era una voz que no conocía, era casi como un graznido. Pero Patrick no le dió importancia, supuso que se lo había imaginado e intentó mover la puerta. Era sorprendentemente ligera, pesaba la mitad de lo que debería, aún así no podía llevarla al orfanato él sólo. Miró alrededor y escogió un rincón para esconderla, no importaba aunque se manchara. Ya tendrían tiempo de limpiarla.
Se preguntó por qué Alisse no estaba ya allí. Decidió llenar el saco e ir a vaciarlo al orfanato. Así cuando volviera con Alisse, podría llevarlo de nuevo. Empezó a recorrer el vertedero buscando toda la madera posible, y en medio de esa búsqueda encontró algo que le llamó la atención.
-Anda...das cosas inesperadas en un día. Es un buen día para los hallazgos. -Se metió el objeto en el bolsillo y terminó de llenar el saco. Una vez lleno, se dirigió al orfanato de nuevo.

Capítulo II (Alisse)


Alisse salió al frío de la calle completamente embutida en su abrigo. Miró hacia ambos lados y comenzó a caminar alejándose del ruinoso edificio. No había ni una sola persona en la calle, cosa que no era de extrañar con aquel frío, todos estarían con sus familias, juntos ante un fuego que calentase sus huesos. Aquel pensamiento entristeció a Alise, ella y Patrick eran huérfanos y solo se tenían el uno al otro, aunque él siempre la había cuidado y entre los dos solían encontrar, con algo de esfuerzo, comida suficiente para sobrevivir.
Por suerte no había suficiente frío como para que nevase pero muchas calles estaban parcialmente inundadas, Alisse no era demasiado alta y los charcos le llegaban hasta el tobillo empapándose los pies, mientras el aire le congelaba la punta de la nariz, que el abrigo no cubría, y provocaba que su larga y lisa melena dorada ondease al viento. Por suerte era un poco más delgada que Patrick lo que le permitía llevar un par de prendas de ropa extra bajo el abrigo. Los azules ojos de Alisse buscaban sin descanso los lugares con menos agua de la calle, de todas formas, cuando volviera al orfanato tendrían que encender un fuego para secar las ropas.
Alisse siguió avanzando por la calle hasta que vio al final de la calle su objetivo, la biblioteca de Póveron, el único lugar en el que se podía leer en paz y al abrigo de los elementos. Aunque la última vez que había ido por allí, no pudo entrar. El hombre de la puerta detestaba a la gente pobre, y si él no te lo permitía, no podías entrar. Tendría que buscaba otra forma de entrar, quizás...la puerta de atrás, si la hay.
Despacio, y manteniéndose fuera de la vista del hombre de la puerta, rodeó el edificio hasta la parte trasera de la biblioteca, y allí su plan se fue por el desagüe. No había ninguna puerta. Tenía que haber una forma de entrar.
Alisse buscó desesperadamente alguna otra opción, tan sólo había una ventana pero estaba a unos tres metros de alto aproximadamente. ¿Como podía llegar allí? No había manera, Alise se puso a buscar algo que le permitiese llegar allí.
Después de mucho rebuscar entre los trastos de aquel callejón, encontró varios tubos de bambú, seguramente estarían allí desde que fueron cortados el año anterior en el parque al lado de la biblioteca. Deberían de haberlos quemado o reutilizado, por una vez, Alisse se alegró de las pocas ganas de trabajar de los encargados. Buscó uno de longitud adecuada y lo apoyó despacio en el alfeizar, y enterró la base en la tierra para conseguir que estuviera firme. Una vez hecho, comenzó a trepar despacio con cuidado de no caer, una vez arriba, entró cuidadosamente y sin hacer ruido por la ventana del segundo piso.
Primero observó por si había alguien que hubiera podido verla, pero el piso estaba completamente vacío. Perfecto para ella. Fue hasta una pizarra y usó el trapo que había junto a ella, y que servía para borrarla, para limpiarse los zapatos y las huellas que había dejado, tras lo que lo metió en uno de los bolsillos. No podía dejarlo allí.
Buscó una mesa lejos de la escalera y dónde no fuera muy visible para quien subiese pero de modo que ella si que pudiera verles, o al menos para que les viese primero. Se sentó allí sin hacer ruido y sacó unas hojas dobladas que tenía en el bolsillo. Páginas de un libro, un libro sobre la interpretación de los sueños. no le había dicho a Patrick que lo había cogido, de todas formas dudaba que se diera cuenta.
Recorrió las páginas buscando un animal en concreto, el lobo. Los últimos cinco años, es decir, desde que tenía doce, había tenido sueños con un lobo. El lobo tenía sus mismos ojos, y un pelaje plateado. Al contrario de lo que cabe pensar, el lobo no la atacaba, más bien era dócil, dejaba que ella le acariciase el pelaje y la guiaba a través de un bosque. Por desgracia, en las hojas no ponía nada que le ayudase a entender sus sueños. De pronto vio en la pared la sombra de un lobo. Estaba señalando hacia el comienzo de las escaleras en el primer piso, fue extraño pero a pesar de ello Alisse y se asomó a las escaleras despacio y por el rabillo del ojo vio como el hombre que nunca la dejaba entrar se dirigía a las escaleras. Rápida, pero silenciosamente, avanzó hacia la ventana y descendió de nuevo usando el mismo método que usó para subir y que no había retirado ya la ventana abierta... Se había puesto nerviosa y había olvidado tantas cosas por lo que podrían descubrirla que fue inevitable.
Se dio la vuelta y metió las manos en los bolsillos, intentando hacerse tan pequeña que pareciese que iba a desaparecer, pero no se quedó quieta, salió inmediatamente de allí. Salió del callejón pero aún recordaba aquellos oscuros ojos verdes, como los de una serpiente observando a su posible víctima, la había mirado como si pretendiese ver a través de ella, como si viese su alma...le ponía los pelos de punta tan solo el recuerdo.
Emprendió el camino de vuelta al orfanato, sólo desde allí sabía guiarse a donde Patrick estaba. De repente vió la sombra del lobo de nuevo, pero no miraba hacia ella, miraba en la dirección de donde ella venía. Alisse se giró y vió a un perro que miraba furioso hacia ella desde la entrada al callejón del que había salido.
Tenía el morro afilado, las orejas en punta, era delgado y en ese momento le mostraba no una, si no dos amenazadoras filas de dientes. Tenía los ojos inyectados en sangre.
-¡Corre! -le dijo una voz desconocida en su cabeza, pero ella no era capaz de moverse, su cuerpo no respondía. -¡Vamos Alisse! -No sabía como aquella voz conocía u nombre pero esta vez su cuerpo si reaccionó y empezó a correr en dirección opuesta a dónde el perro se encontraba.
-¿Quien eres? -Le preguntó mentalmente la voz.
-¡Ahora no, pequeña! ¡Corre o será lo último que hagas! -le dijo al voz mientras no dejaba de perseguirla aquel perro...de ojos verdes.

Capítulo I (Patrick)


Un día nublado que, siendo mediados de verano, no debería de ser frío, en cambio aquel lo era. Dos figuras ligeramente encogidas se esforzaban en que no hubiese ni una rendija en sus abrigos por donde el gélido aire pudiera entrar.
-Apresuremonos un poco, estamos ya cerca de casa -dijo la que tenía el abrigo largo, aunque también se notaba que era más delgada que su acompañante.
-¡Tonterías! ¡No hay frío no hay dolor! -dijo el otro sacándose el abrigo -¡Atchu! -Inmediatamente se lo puso y cerró de nuevo.
-Dime ¿Tu piensas antes de hacer eso?
-Es evidente que no. Pero aún así, yo no necesito abrigarme tanto como tú. -respondió.
-¡Oh!¡Perdone usted joven Patrick -dijo haciendo una reverencia.
-Detesto ese nombre -dijo poniendo mala cara.
-Si no quieres que te llamen así, cambiate el nombre -dijo ella tranquilamente.
-Como si pudiera. Nadie puede cambiarse el nombre. Los guardias me lo harían pagar y cambia de nuevo. ¿No ves que registran los nombres de todos los habitantes vivos? Si uno se cambia el nombre, tendrían que modificar todos los archivos, y ellos odian que les den trabajo.
-Puede ser. Pero bueno -dijo la acompañante de Patrick -Entonces tendrás que acostumbrarte.
-Qué remedio.
Se pararon frente a un edificio medio derruido. Lo miraron y caminaron hacia él, lentamente, cabizbajos hasta la entrada. Empujaron despacio la puerta y entraron en el frío edificio.
El orfanato no era el mejor lugar en el que vivir, pero nadie lo usaba ya, los que allí vivían no habían sobrevivido al invierno pasado, las gripes y fiebres les hicieron parecer.
-¿Dónde dejaste las cosas ayer? -Preguntó Patrick mientras buscaba en el primer piso.
-En el sótano, creo. -No sé, déjame dejar esto en algún sitio y ahor buscamos. Lo encontró apoyado en la pared tallando un pequeño trozo de madera sin demasiado éxito, nunca se le había dado demasiado  bien.
La puerta del sótano llevaba rota desde antes de que llegaran, la habían destrozado completamente, desde dentro.
Alisse y él habían usado los restos días atrás para hacer un fuego en el comedor y ahuyentar el frío.
Pocas veces habían bajado al sótano, lo usaban como almacén pero no solían bajar más de una vez a la semana. Ninguno de los dos sabría decir por qué, pero allí había algo oscuro y peligroso, aunque ellos no habían visto nada extraño.
Cogieron una lámpara de aceite y comenzaron a bajar lentamente las escaleras, lo único que rompía aquel sepulcral silencio eran los crujidos de la madera de las viejas escaleras bajo sus piés. Una vez abajo, echaron un vistazo a su alrededor.
-¿Donde dejaste los libros ayer? -Preguntó Patrick.
-¿Era eso lo que buscabas?¡Boh! -Alisse parecía algo molesta -Cuando dijiste las cosas, pensé que hablabas de lo otro...Los libros están en el segundo piso, en la estantería. Aquí hay demasiada humedad para ellos.
-Esta bien. ¿Tu necesitarás algo aquí? -respondió echando otro vistazo.
-No. Así que subamos de una vez. Este sitio me pone los pelos de punta. -Alisse comenzó a subir las escaleras lentamente.
-Esta tarde pensaba ir a donde siempre, a ver si encuentro algo útil, ven conmigo, a ver si encontramos una puerta para el sótano. estoy harto de tenerlo abierto.
-Me parece bien. Estoy de acuerdo contigo, nos reuniremos allí, tengo algo que hacer antes. -Alisse se fué a otra habitación y volvió con el abrigo puesto de nuevo. -Me voy, nos vemos donde siempre dentro de un par de horas.
-De acuerdo, adiós. -Patrick empezó a subir las escaleras al segundo piso y entró por la tercera puerta, se acercó a una pequeña y destartalada estantería junto a la ventana. Buscó entre los pocos libros que había y escogió uno de lomo prácticamente descolorido aunque aún podía notarse el color rojizo que había tenido originalmente.
El lomo decía: "Interpretación de los sueños". Lo abrió y empezó a pasar las páginas en busca del capítulo que buscaba. Al no dar con él, volvió al índice para localizar la página exacta. En el índice ponía que empezaba en la página 158, por lo que fué directamente a ella, pero al llegar...
-No está -Patrick estaba perplejo. Se paró las páginas y miró entre ellas. Había restos de papel. -Alguien ha arrancado el capítulo sobre los sueños de animales. Tendré que buscar otro ejemplar -dijo decepcionado.
Metió la mano en uno de los bolsillos del pantalón y sacó un mapa excesivamente doblado y lo desplegó en el suelo. Puso el dedo sobre un cuadro que representaba el orfanato y luego el índice de la otra mano en el lugar al que quería llegar, fue recorriendo el camino con el dedo, esquivando las calles bloqueadas por la nieve.