Una vez en el orfanato no había ni rastro de Alise. ¿Dónde se había metido? Fue hasta dónde solían el fuego, para dejar la madera, y comprobó que no había pasado por allí. Cogió de nuevo el saco y salió al exterior.
Seguía haciendo frío, pero no tanto como antes. Respiró hondo y sonrió, estaba siendo un buen día, tenía la sensación de que todo iba a ir bi…
-¡Patrick! –la voz de Alise le llamó e inmediatamente él se giró hacia la dirección de la que procedía.
Ella venía corriendo lo más rápido que podía, parecía a punto de quedarse in aire, y detrás de ella venía un perro persiguiéndola, el cual parecía bastante peligroso. Y por desgracia para ella la estaba alcanzando.
-¡Abre la puerta! –gritó Alisse.
Patrick la abrió y la cerró tras ellos. A los pocos segundos oyeron al perro chocar contra la puerta.
-Ahora podemos respirar tranquilos. –dijo Patrick, miro a Alisse -¿Por qué te perseguía?
-No lo sé. Fui a la biblioteca, el tipo de allí me vio salir y luego ese perro me perseguía –mientras lo decía oyó romperse el cristal. –Dime que no ha entrado.
-No ha entrado. –Patrick la miró –Pero creo que sí.
-¿Entonces porque dices que no? –le dijo agarrándole el brazo y colocándose tras él.
-Tú me lo pediste –Sonrió ligeramente –Vayamos a donde solemos encender el fuego. Dejé antes unas tablas allí, podemos usarlas para defendernos, creo…
Despacio avanzaron hasta la puerta que tenían a la derecha, estaba abierta, como siempre. Tenían los oídos bien atentos a cualquier ruido que pudieran oír del resto del edificio. Llegaron hasta el saco de la habitación, sin oír ningún ruido ni ver al perro que había perseguido a Alisse hasta allí.
Alisse cogió una tabla bastante larga con dos manos, mientras que Patrick cogió una barra de madera que parecía haber formado parte de una valla o una barandilla. Se puso en pie y miró a su amiga, había una sombra tras ella. Inmediatamente la agarró y la puso tras él. Había un hombre allí, sus ojos verdes brillaban tremendamente en la sombras, mientras se acercaba despacio a ellos.
-¿Tu perro te ha conducido aquí? –preguntó Alisse asustada.
-¿Es él? –Patrick acercó otra madera, similar a la que tenía, con el pie y la alzó con el pie para cogerla en el aire. –Más vale que te vayas de aquí.
El hombre soltó una carcajada antes de quitarse los guantes, mostrando unas afiladas uñas, y guardarlos en un bolsillo. Hizo estallar sus dedos y movió un poco los hombros.
-No recuerdo la última vez que un humano se atrevió a amenazarme, y aún encima, no sois más que unos críos. Menuda pérdida de tiempo.
-Alisse –susurró Patrick –Escóndete en otra habitación. Tengo la sensación de que está solo.
-¿Y el perro? –preguntó asustada.
-No parece estar. Si estuviera, sería junto a su amo. Además, ahora puedes defenderte de ese saco de pulgas.
-Espero que tengas razón. –Alisse salió corriendo de la habitación por otra puerta y se dirigió arriba.
-Debería ocuparme de ella. –se tapó el ojo izquierdo con una mano y susurró algo, cuando la quitó, ya no había ojo aunque la mano estaba vacía. –No tardarán en hacerse cargo de tu amiga.
Patrick estaba preocupado y extrañado aunque tenía el presentimiento de que si le dejaba ir, les traería problemas, sobre todo a Alisse. No podía dejarle llegar hasta ella. El hombre rió y su ojo brilló tenuemente antes de que un rápido puñetazo lanzara volando a Patrick contra la pared.
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