lunes, 27 de junio de 2016

Capítulo IV (Alisse)


Una vez en el orfanato no había ni rastro de Alise. ¿Dónde se había metido? Fue hasta dónde solían el fuego, para dejar la madera, y comprobó que no había pasado por allí. Cogió de nuevo el saco y salió al exterior.
Seguía haciendo frío, pero no tanto como antes. Respiró hondo y sonrió, estaba siendo un buen día, tenía la sensación de que todo iba a ir bi…
-¡Patrick! –la voz de Alise le llamó e inmediatamente él se giró hacia la dirección de la que procedía.
Ella venía corriendo lo más rápido que podía, parecía a punto de quedarse in aire, y detrás de ella venía un perro persiguiéndola, el cual parecía bastante peligroso. Y por desgracia para ella la estaba alcanzando.
-¡Abre la puerta! –gritó Alisse.
Patrick la abrió y la cerró tras ellos. A los pocos segundos oyeron al perro chocar contra la puerta.
-Ahora podemos respirar tranquilos. –dijo Patrick, miro a Alisse -¿Por qué te perseguía?
-No lo sé. Fui a la biblioteca, el tipo de allí me vio salir y luego ese perro me perseguía –mientras lo decía oyó romperse el cristal. –Dime que no ha entrado.
-No ha entrado. –Patrick la miró –Pero creo que sí.
-¿Entonces porque dices que no? –le dijo agarrándole el brazo y colocándose tras él.
-Tú me lo pediste –Sonrió ligeramente –Vayamos a donde solemos encender el fuego. Dejé antes unas tablas allí, podemos usarlas para defendernos, creo…
Despacio avanzaron hasta la puerta que tenían a la derecha, estaba abierta, como siempre. Tenían los oídos bien atentos a cualquier ruido que pudieran oír del resto del edificio. Llegaron hasta el saco de la habitación, sin oír ningún ruido ni ver al perro que había perseguido a Alisse hasta allí.
Alisse cogió una tabla bastante larga con dos manos, mientras que Patrick cogió una barra de madera que parecía haber formado parte de una valla o una barandilla. Se puso en pie y miró a su amiga, había una sombra tras ella. Inmediatamente la agarró y la puso tras él. Había un hombre allí, sus ojos verdes brillaban tremendamente en la sombras, mientras se acercaba despacio a ellos.
-¿Tu perro te ha conducido aquí? –preguntó Alisse asustada.
-¿Es él? –Patrick acercó otra madera, similar a la que tenía, con el pie y la alzó con el pie para cogerla en el aire. –Más vale que te vayas de aquí.
El hombre soltó una carcajada antes de quitarse los guantes, mostrando unas afiladas uñas, y guardarlos en un bolsillo. Hizo estallar sus dedos y movió un poco los hombros.
-No recuerdo la última vez que un humano se atrevió a amenazarme, y aún encima, no sois más que unos críos. Menuda pérdida de tiempo.
-Alisse –susurró Patrick –Escóndete en otra habitación. Tengo la sensación de que está solo.
-¿Y el perro? –preguntó asustada.
-No parece estar. Si estuviera, sería junto a su amo. Además, ahora puedes defenderte de ese saco de pulgas.
-Espero que tengas razón. –Alisse salió corriendo de la habitación por otra puerta y se dirigió arriba.
-Debería ocuparme de ella. –se tapó el ojo izquierdo con una mano y susurró algo, cuando la quitó, ya no había ojo aunque la mano estaba vacía. –No tardarán en hacerse cargo de tu amiga.

Patrick estaba preocupado y extrañado aunque tenía el presentimiento de que si le dejaba ir, les traería problemas, sobre todo a Alisse. No podía dejarle llegar hasta ella. El hombre rió y su ojo brilló tenuemente antes de que un rápido puñetazo lanzara volando a Patrick contra la pared.

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